De la respuesta a las crisis al cuidado colectivo: el replanteamiento de la protección de los defensores de los derechos humanos en Kenia
Traducido por: Carmen Blázquez
El trabajo en derechos humanos a menudo mantiene el ideal del incansable “activista-héroe”. Aunque esto celebra el compromiso, también puede crear una presión implícita de que los defensores deban parecer invencibles. El estrés puede llegar a parecer dedicación, y el trauma puede sentirse como una parte inevitable del trabajo.
Esta cultura es insostenible. Además, como argumenta una revisión reciente de las publicaciones internas de PBI Kenia sobre la protección de los defensores de los derechos humanos en Kenia, está diseñada de forma metódica por un sistema estancado en un modo “gestión de crisis”. Los mecanismos de protección son reactivos, se ponen en marcha tras una detención, una amenaza o un desalojo; el apoyo psicosocial, si es que existe, a menudo consiste en llamar a un terapeuta postraumático cuando el daño ya está hecho. Este enfoque falla fundamentalmente porque trata el bienestar del defensor como un problema que hay que solucionar, en lugar de una aptitud que hay que fomentar.
Las publicaciones son claras: una intervención basada en las “mejores prácticas” tiene que ser proactiva y holística, de manera que integre la resiliencia de la salud mental en el entramado diario de nuestras organizaciones. La pregunta debe cambiar de: “¿Cómo te ayudamos a recuperarte tras una crisis?” a “¿Cómo podemos ayudarte a ti y a tu comunidad a poder soportar la presión crónica de este trabajo?”
Un punto de partida importante es reconocer que el estrés crónico y el trauma son riesgos comunes en este campo, de la misma manera que también lo son las amenazas legales y físicas. Debemos fomentar ambientes en los que los líderes y miembros de equipo puedan hablar de forma libre sobre su necesidad de descanso o apoyo. Las valoraciones de los defensores confirman que existe un gran deseo de que se produzca un cambio cultural para que el bienestar sea una parte normal de la conversación.
Además, es necesario extender el concepto de cuidado más allá del “autocuidado” individual. Para muchos defensores en Kenia, la resiliencia está arraigada en la comunidad. Medidas de seguridad como la reubicación pueden en ocasiones aislar a una persona de sus redes de apoyo fundamentales. Una verdadera protección refuerza estas conexiones mediante grupos de apoyo entre pares, la participación de las familias en la planificación de seguridad y el respeto por las formas culturalmente significativas de descanso conjunto.
Para finalizar, mantener una cultura del cuidado requiere ir más allá de los esfuerzos provisionales y avanzar hacia prácticas institucionales estructuradas. Esto significa integrar de manera formal el bienestar en la planificación organizativa, por ejemplo, asignando recursos para periodos de descanso habituales y haciendo que las revisiones psicosociales sean tan comunes como las revisiones de seguridad. Estas prácticas deberían ser diseñadas por los mismos defensores, especialmente aquellos que sean de frentes marginados, de manera que se pueda asegurar que el apoyo es relevante y se fundamenta en la experiencia vivida. Este cambio no es tan sol ouna cuestión de compasión, sino también de estrategia, ya que construye un movimiento más resiliente, sostenible y efectivo a largo plazo.
La fuerza de los defensores de la ley y el medioambiente ante la pérdida y la injusticia es sumamente colectiva. El papel de los aliados va más allá del apoyo legal e incluye ayudar a fortalecer esa resiliencia comunitaria mediante un apoyo práctico y estructurado. Nuestro objetivo debería ser construir organizaciones que no solo luchan por la justicia, sino que también velan por el bienestar de aquellos que trabajan para conseguirla.
