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La integración de la atención psicosocial en la protección de los derechos humanos: reflexiones de una reunión consultiva

Traducido por: Carmen Blázquez

“Solíamos vivir en aquella cadena”, comentó una miembro de la comunidad Ogiek el año pasado mientras señalaba las montañas cubiertas de niebla del bosque Mau. Sus palabras capturan una realidad que aún define la vida de muchas familias Ogiek a día de hoy: reubicación repetida, pérdida de sustento y un gran sentimiento de supresión.

Durante generaciones la comunidad indígena Ogiek se ha enfrentado a desalojos forzados de sus tierras ancestrales pese a dos sentencias históricas por parte de la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos que afirman sus derechos y exigen indemnizaciones. Estas decisiones aún no han sido implementadas años después, dejando así a cientas de familias desplazadas de Sasumwani desde finales de 2023 sin tierra, protección o un apoyo significativo por parte del Estado.

Más allá de la pérdida del hogar y del sustento se encuentra una crisis más silenciosa, pero igual de devastadora. La reubicación ha quebrado estructuras familiares tradicionales, ha aumentado la presión económica y ha impuesto una inmensa presión psicológica en los individuos y las familias. Muchos miembros de la comunidad hablan sobre la depresión, el trauma y el agotamiento emocional, los cuales se agravan por el estigma sobre la salud mental y el acceso limitado a un apoyo apropiado. Los defensores de los derechos humanos que trabajan dentro de la comunidad sienten esta presión de forma más aguda, ya que continúan su apoyo bajo amenaza constante, la incertidumbre y el agotamiento.

“La comunidad Ogiek ha sufrido una solastalgia (aflicción causada por la destrucción del entorno doméstico de uno) que se manifiesta como un gran sentimiento de pérdida e impotencia. Por otro lado está la erosión de la cultura; los ancianos experimentan una sensación de fracaso y una sobrecarga cognitiva cuando no pueden enseñar a los jóvenes cómo recolectar miel o identificar plantas medicinales. La comunidad Ogiek se encuentra en un constante estado de decepción y estrés crónico por la falta de implementación de sus “victorias” legales. Tras los desalojos, los miembros de la comunidad se vieron obligados a trasladarse a las tierras de otros grupos étnicos, lo que suele llevar a una competición por los recursos y crea un sentimiento de ser un forastero.”

En 2026, nuestro trabajo busca responder a estas realidades mediante el refuerzo del aspecto psicosocial de la protección de los derechos humanos. Convocamos recientemente una reunión consultiva en la que se unieron defensores de los derechos humanos, profesionales de la salud mental, terapeutas y profesionales del bienestar, además de un representante del Programa de Desarrollo del Pueblo Ogiek, que acudió como participante. La reunión se pensó como un espacio de aprendizaje compartido y reflexión, para proveer a los participantes con conocimiento práctico y habilidades que se pueden aplicar como prácticas mejores dentro de sus propias organizaciones y comunidades.

A través de debates moderados, los participantes evaluaron cómo el apoyo psicosocial se puede integrar de manera significativa en la protección de los defensores de derechos humanos, especialmente para aquellos trabajando en primera línea. Las conversaciones remarcaron retos persistentes como el conocimiento insuficiente de los cuidados psicosociales, la normalización del trauma, la preocupación por la confidencialidad y los altos niveles de agotamiento sufridos por los defensores. A su vez, la reunión enfatizó métodos constructivos que incluían el apoyo entre pares, vías de derivación más claras para la atención en materia de salud mental y conexiones más fuertes entre los defensores y los proveedores que comprendan la presión particular del trabajo en el ámbito de los derechos humanos.

Esta cita marcó un paso importante hacia el reconocimiento de que la protección no solo trata sobre la seguridad física y el apoyo legal, sino que también tiene que ver con la resiliencia emocional y el bienestar. Mientras que la justicia para los Ogiek sigue sin llegar y su lucha por la tierra y el reconocimiento continúa, la construcción de capacidad psicosocial entre los defensores asegura que sus voces se mantengan en lugar de ser silenciadas. Los Ogiek continúan demostrando una increíble resiliencia frente al abandono del sistema y se debe extender el apoyo significativo más allá de los juzgados, para lograr que incluya cuidados, acompañamiento y las herramientas necesarias para soportar una lucha larga y constante.

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