Sin tierra no hay justicia: La resistencia del pueblo Ogiek contra la reubicación forzada y la supresión
Traducido por: Carmen Blázquez
Traducido por: Carmen Blázquez
Traducido por: Carmen Blázquez
La desaparición forzada en Colombia es un fenómeno que persiste. Solo en el año 2024, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, como administrador del Registro Nacional de Personas Desaparecidas, reportó 195 desapariciones presuntamente forzadas y 3.226 casos de desaparición sin clasificar en los cuales las personas continúan desaparecidas. Este fenómeno no puede comprenderse al margen de un contexto de control de estructuras armadas y economías ilícitas en los territorios.
A 10 años del asesinato de la lideresa y defensora del territorio Berta Cáceres, su familia, el COPINH y las comunidades del pueblo lenca continúan exigiendo justicia. La gira se realiza a los pocos meses de la publicación del informe del Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI) que refleja los vínculos entre actores estatales, empresariales y financieros en el asesinato de la lideresa hondureña, y en un contexto de incremento de las amenazas hacia el COPINH.
El sistema de disputa entre inversor y Estado (ISDS, por sus siglas en inglés) supone una amenaza a los derechos humanos y a la posibilidad de llevar a cabo transiciones ecosociales justas para las personas y el planeta.
Vivir como lo ha hecho Pedro Tostado es todo un acto político. Su humildad, lucidez inquebrantable, y su firme compromiso con la justicia han sido los pilares que han guiado sus pasos por la Tierra, con esa dignidad sencilla de quienes deciden pisar el barro y poner el cuerpo. Impulsor de múltiples causas y proyectos, su trabajo silencioso alejado de los focos ha dejado una huella imborrable allá por donde ha pasado.
La gira puso el foco en la lucha de las organizaciones defensoras frente al despojo territorial y el avance de las fronteras extractivas, el papel que juega la comunicación en la protección, y el rol de las mujeres en la construcción de alternativas de vida justas y sostenibles.
Soñar no es un lujo para nosotras, las defensoras de derechos humanos. Es una necesidad. Una forma de resistir, de no rendirnos. En medio del dolor, la injusticia y el miedo, sostenemos el sueño de un mundo distinto. Cuando defendemos el agua, la tierra, el cuerpo o la palabra, no solo nos enfrentamos a un sistema que oprime: también afirmamos que otro mundo es posible. Esa es nuestra utopía.